Titulares que deberían ser de portada (pero no lo serán)
«El agua llega a la planta -2, el arquitecto a la planta -0 (porque su contrato está en el limbo)»
«Ayer inundación en la -1, hoy en la -2, mañana en el -3… ¿y el arquitecto? Cobrando el doble»
«PRACE factura el doble, el arquitecto aspira al doble, los ascensores la mitad, las inundaciones el doble»
«La alcaldesa espera que el agua llegue a la -3 para cortar la cinta inaugural (la de verdad, no la de mentira)»
«El arquitecto sin contrato: una idea genial para que tampoco tenga que firmar el parte de daños»
«El proyecto se diseñó en A Coruña, ciudad donde llueve más que en la selva amazónica, pero al arquitecto se le olvidó poner canalones. O quizá los puso, pero sin contrato.»
A Coruña, esa maravillosa urbe gallega donde el paraguas es el complemento estrella del armario y donde el cielo tiene más horas de lluvia que un informativo de sobremesa tiene minutos. Pues bien, en esta ciudad donde el agua es casi patrimonio inmaterial, alguien tuvo la genial idea de construir un mercado con más filtraciones que el Gobierno en época de crisis. Y lo mejor de todo: el proyecto lo firmó un arquitecto que no tenía contrato. Pero no se preocupen, que también dirigió la obra. Sí, sin contrato también. Doblete.
¿Cómo es posible que un arquitecto sin contrato proyecte un edificio público? Pregunta difícil, como acertar el Euromillón
La pregunta del millón (o del doble del millón, que es lo que aspira a cobrar el arquitecto): ¿cómo es posible que un profesional pueda diseñar y dirigir una obra de varios millones sin un simple papel que lo acredite?
Pues miren, en el Ayuntamiento de A Coruña parece que tienen una interpretación muy… elástica de la Ley de Contratos del Sector Público. «Contrato» es una palabra que suena muy formal, muy de burócrata, muy de funcionario con corbata y, ya sabemos, eso no está de moda. En Monte Alto se ha optado por el sistema «yo te prometo que te pago, pero sin firmar nada, que la firma mancha». Y el arquitecto, bendito él, ha aceptado. O eso parece, porque ahora aspira a cobrar el doble de lo que sería su precio. Y uno se pregunta: ¿el doble de cero es cero, o aquí las matemáticas también las hace el arquitecto sin contrato?
Y la cosa no queda ahí, porque dirigir una obra sin contrato es como conducir un autobús lleno de niños sin carnet: puede que llegues a tu destino, pero si hay un accidente, la culpa es de todos menos tuya. Porque el arquitecto, al no tener contrato, no tiene responsabilidad. Si el mercado se inunda, si se cae, si los ascensores no funcionan, si los placeros tienen que ponerse botas de agua para trabajar… «Yo es que no firmé nada, así que, técnicamente, no fui yo».
El círculo vicioso del «todo es el doble» (y la mitad de ascensores)
Vamos a hacer un resumen de la situación con la lógica del doble:
- Presupuesto inicial de la obra: 8,4 millones. Factura final de PRACE: más de 10 millones. Es el doble de lo esperado en la primera licitación que renunciaron otras empresas (más o menos).
- Honorarios del arquitecto sin contrato: lo normal. Lo que aspira a cobrar: el doble. Porque total, si no hay contrato, ¿quién va a discutirle?
- Ascensores previstos: los que tocaban. Ascensores instalados: la mitad. Porque si te gastas el doble, algo hay que recortar, ¿no?
- Inundaciones de ayer: una. Inundaciones de hoy: dos. Es el doble. Mañana quizá sean cuatro, que es el doble de dos. El agua aprende rápido, parece que tiene más capacidad de adaptación que el Ayuntamiento.
Y hablando de agua… Porque lo de ayer fue «un atasco en las bajantes de la plaza pública», dijo la versión oficial. Vale, un atasco. Y hoy el agua ha vuelto. ¿Es que las bajantes se atascan en días alternos? ¿Es como una tradición? ¿Una costumbre local? Porque si ayer supieron que había un atasco y no lo arreglaron, entonces o son muy lentos o muy poco previsores. Y si lo arreglaron y volvió a atascarse hoy, entonces o lo hicieron mal o el arquitecto sin contrato no previó que por A Coruña pasa agua, y mucha.
El agua: esa gran verdad que no necesita contrato
Dicen los sabios que el agua encuentra siempre su camino. Y parece que el agua, en su infinita sabiduría, ha decidido hacer un máster en arquitectura para demostrarle al Ayuntamiento cómo no se diseñan los desagües en una ciudad donde la lluvia es casi un deporte nacional.
El mercado de Monte Alto tiene tres plantas: -1, -2 y -3. Ayer se inundó la -1. Hoy se ha inundado la -2. La lógica (y el miedo) nos dice que mañana llegará a la -3. Y cuando eso pase, la alcaldesa, que permitió que un arquitecto sin contrato dirigiera la obra, seguramente dará una rueda de prensa en la que dirá que «todo está bajo control», que «son problemas menores», y que «la obra es un éxito». Mientras, los placeros estarán con las botas de agua y las bombas de achique, como si fueran bomberos, pero sin contrato, claro.
Pepe Gotera y Otilio, el próximo fichaje estrella del Ayuntamiento
Porque no nos engañemos: este mercado tiene toda la pinta de ser obra de Pepe Gotera y Otilio, esos genios de la construcción que arreglaban un grifo y se les caía el techo. Con la diferencia de que los dibujos animados eran más creíbles y, al menos, ellos no cobraban el doble sin contrato.
¿Cuál es el siguiente paso? ¿Poner en plantilla al arquitecto sin contrato? ¿Hacerle un homenaje? ¿Darle una medalla? Porque si la dirección de obra sin contrato es un éxito, quizá el próximo paso sea contratar al fontanero sin contrato, al electricista sin contrato, y al que limpia los cristales sin contrato. Total, para qué la burocracia, si los resultados son los mismos: obras que se inundan con la primera lluvia y presupuestos que se disparan como cohetes en San Juan.
La pregunta que todos nos hacemos (y que nadie responde)
¿Cómo es posible que esta obra se proyectara y dirigiera al margen de la ley?
Los contribuyentes de A Coruña, esos héroes anónimos que pagan impuestos para que el arquitecto sin contrato aspire a cobrar el doble, merecen una respuesta. Merecen saber quién autorizó esta irregularidad, quién la consintió y quién va a pagar los platos rotos (o los desagües rotos, que es más adecuado).
Porque el agua, el 27 de agosto, ha demostrado lo que ya sabíamos: que este mercado es una «chapuza» mayúscula. Pero no una chapuza cualquiera, sino una chapuza con proyecto sin contrato, dirección sin contrato, sobrecostes, menos ascensores y más agua que el río Miño en crecida.
Lo que no queremos son el doble de explicaciones. Porque el doble de cero, ya lo sabemos, es cero. Y en esto del agua y los contratos, el gobierno local lleva tiempo dando ceros a la izquierda.
A Coruña, 27 de agosto de 2026. Hoy llueve. Y en el mercado de Monte Alto, también.
P.D.: Si el arquitecto sin contrato está leyendo esto, que sepa que el agua, a diferencia de él, sí tiene contrato con la gravedad. Y siempre cumple.

