La supresión de un carril para ampliar una acera en pleno feudo hostelero deja en el aire la pregunta incómoda: ¿se consultó a los vecinos o solo a la clientela del Chaflán?
A Coruña, esa pequeña ciudad en extensión donde aparcar es una gesta digna de epopeya medieval y cruzar de un extremo a otro puede llegar a ser más épico que un viaje en tren a Santiago, vuelve a ser noticia por su modelo de movilidad. Pero no, no estamos ante un gran plan urbano, ni una estrategia consensuada para aliviar los atascos que colapsan sus accesos metropolitanos. Estamos ante la enésima actuación quirúrgica: suprimir un carril en Oidor Gregorio Tovar y peatonalizar un tramo de Antonio Viñes. La pregunta que flota en el aire, con un punto de ironía que no logra disimular la indignación, es: ¿a quién beneficia realmente esta «humanización»?
El gobierno local, que lidera Inés Rey, parece moverse en la lógica de la ocurrencia y no en la de un plan de movilidad integral. Mientras el grueso de los problemas se concentra en la entrada y salida de los más de cien mil vehículos que a diario colapsan la ciudad, la solución propuesta es ensanchar una acera. Y, casualidades de la vida, esa acera se encuentra justo en la esquina del bar Chaflán, un local frecuentado, según se comenta, por la propia alcaldesa. En el argot popular, los vecinos ya han bautizado la reforma como «la acera del Chaflán» . Difícil no ver la conexión.
Humanización o terraza de verano
La excusa es la «humanización». El discurso oficial, repetido como un mantra, es que se recupera espacio para el peatón, que se dinamiza el barrio y que se mejora la seguridad vial. Suena bien, muy bien. Pero los vecinos, esos seres incómodos que pagan sus impuestos y tratan de dormir por las noches, no terminan de tragarse el relato. Y no les falta razón.
Mientras el propio hostelero debería estar «preocupado» por la masificación y que a la una de la madrugada 200 personas en la calle «molesta» , una de las asociaciones vecinales del barrio aplaude la medida con una fe que solo la política puede inspirar . Pero no todos los vecinos comparten ese entusiasmo. Algunos, los que viven en las calles aledañas y carecen de garaje (ese «establo» al que se refirió la alcaldesa con tan poca fortuna), ven cómo se les arrebata un carril. ¿Y su descanso? ¿Su derecho a no tener una terraza en su propia puerta? Esa parte de la «humanización» parece no estar en el menú del gobierno local.
El plan que no llega
Lo más sangrante del asunto no es la obra en sí, sino el método. Se actúa sobre una calle porque hay un negocio emblemático (y un cliente ilustre), pero se ignora la necesidad de un plan de movilidad que aborde los problemas estructurales de la ciudad. La ciudad lleva tiempo demandando esta «inacción» y la falta de un Plan de Movilidad Urbana Sostenible actualizado, que data de 2013 . La nueva ordenanza de movilidad, que pone al peatón en el centro, es un brindis al sol si no va acompañada de una estrategia que ordene el tráfico de forma global.
Mientras tanto, en barrios como Os Mallos, donde se concentran edificios antiguos sin apenas plazas de garaje, las actuaciones puntuales se convierten en un quebradero de cabeza para los residentes. ¿Es justo priorizar la «comodidad» de un local de hostelería frente al derecho al descanso y al aparcamiento de los vecinos? La respuesta, a juzgar por los hechos, parece clara.
El Chaflán como espejo de una política
La peatonalización de Antonio Viñes se ha convertido en el ejemplo perfecto de cómo no hacer ciudad. Es una obra que, lejos de resolver un problema colectivo, parece resolver un problema particular. La «humanización» se ha quedado en la puerta del Chaflán, sin llegar a las casas de los vecinos, que verán cómo su barrio se convierte en un escenario más para el ocio, pero no para la vida cotidiana. Si esta es la hoja de ruta, tendremos que acostumbrarnos a una ciudad hecha a medida de los negocios con «buenos contactos», donde el descanso vecinal es un mal menor y la movilidad, una odisea. Y todo ello, sin un plan que lo justifique, con el único argumento de que es un «capricho» o un «favor» a un establecimiento. Bienvenidos a la nueva A Coruña.

