El gobierno de Inés Rey aprueba 2,5 millones para los presupuestos participativos mientras el préstamo de 40 millones sigue sin firmar; Lage Tuñas pierde su único aval económico al incumplir por segundo mes el pago a proveedores
Una «transferencia interna» cuidadosamente envuelta
El martes pasado, el gobierno de Inés Rey aprobó en Junta de Gobierno extraordinaria una modificación de crédito que reparte los 2.513.230 euros consignados genéricamente en el presupuesto de 2026 entre 32 proyectos concretos. Desde la remodelación de la plaza de San José hasta el parque canino de Someso, pasando por los cofres salvavidas del paseo marítimo o las consignas inteligentes del Mercado de San Agustín, la lista parece ciertamente presentable.
Pero el quid de la cuestión no es en qué se gasta, sino dónde está el dinero.
Según la documentación revelada, el origen de los fondos nunca ha cambiado: procede de un préstamo bancario aún no formalizado. El propio documento municipal lo dice con claridad: la financiación se realiza «con recurso ao endebedamento previsto no Orzamento de 2026″, y el informe de fiscalización de la Intervención General advierte sin rodeos que dicho préstamo «non está nin autorizado nin formalizado ao día desta data», por lo que la disponibilidad presupuestaria del crédito extraordinario y del suplemento de crédito «quedan condicionados, dependerá destes trámites».
Incluso intervención advierte:
«Porén, debemos advertir que este finaciamento no anexo de investimentos é de préstamo, o cal non está nin autorizado nin formalizado ao día desta data porlo que a disponibilidade orzamentaria do crédito extraordinario e suplemento de crédito, quedan condicionados, dependerá destes trámites.»
Dicho de otro modo: los 32 proyectos que el gobierno acaba de aprobar con solemnidad se pagan con un dinero que todavía no existe. No es más que trasladar las cifras de una cuenta vacía a otras 32 cuentas vacías. Y el año se acaba sin que haya aparecido ese préstamo de 40 millones de euros que, supuestamente, debería cubrir estos proyectos de los presupuestos participativos.
El «único argumento» de Lage Tuñas también ha caído
Ante las críticas de la oposición por el desfase de 12 millones de euros en el presupuesto de 2025, el concejal de Economía, José Manuel Lage Tuñas, siempre ha esgrimido un único escudo: el periodo medio de pago a proveedores.
Su lógica era simple: si el Ayuntamiento paga a tiempo, es que hay dinero y las cuentas están sanas. En junio presumía en el pleno de que A Coruña era «uno de los ayuntamientos que paga más rápido de Galicia, en poco más de 21 días». En septiembre, ante los medios, seguía defendiendo que este indicador «es el que mejor refleja la buena salud económico-financiera del Ayuntamiento».
Pero ese escudo se rompió hace meses.
Los datos muestran que, tras casi un año manteniéndose por los pelos dentro del límite legal de 30 días, el periodo medio de pago consolidado —incluyendo sociedades municipales y entes dependientes— se disparó hasta los 30,64 días en agosto y rozó los 38 días en septiembre. Es cierto que los principales lastres son el Consorcio de Turismo (con plazos de 243 a 264 días) y la Fundación Luis Seoane (más de 100 días), pero según la propia lógica establecida por Lage Tuñas —el indicador consolidado representa la salud económica global del municipio—, dos meses consecutivos de incumplimiento certifican la bancarrota de la «salud fiscal» que él mismo proclamaba.
El Partido Popular ya ha explotado el filón: si el gobierno usa el cumplimiento del plazo de pago como prueba de buena gestión económica, entonces «el incumplimiento reiterado es la prueba de que las cuentas municipales son malas». A Lage Tuñas no le queda ya ninguna carta que jugar.
¿Quién paga este espectáculo?
Volviendo a los presupuestos participativos. En septiembre, el Ayuntamiento presentó con bombo y platillo los 32 proyectos elegidos por votación ciudadana, con una ventana de ejecución fijada entre noviembre de 2026 y diciembre de 2028. Ahora noviembre ya ha llegado: los proyectos están aprobados, pero el dinero no.
Si finalmente el préstamo no se formaliza —y teniendo en cuenta que el Ayuntamiento ya empieza a retrasarse en el pago a proveedores, cabe preguntarse si la situación financiera municipal permite pedir préstamo de 40—, los 32 proyectos quedarán reducidos a papel mojado.
Los ciudadanos votaron, eligieron un parque infantil para su barrio o una rampa accesible, y el gobierno organizó ruedas de prensa y aprobó expedientes. Pero todo ello descansa sobre un préstamo que nadie ha visto. Esto no son presupuestos participativos, es un espejismo participativo.
El gobierno de Inés Rey tiene que responder a una pregunta sencilla: antes de que acabe el año, ¿se firma o no ese préstamo de 40 millones? Si no se firma, ¿piensan seguir manteniendo los 32 proyectos en los libros para que queden bonitos, o van a reconocer de una vez que los llamados «presupuestos participativos» han sido desde el principio una obra de teatro pagada con dinero inexistente?
En cuanto al señor Lage Tuñas, quizá debería buscarse un nuevo indicador con el que justificarse. El del periodo de pago ya no le sirve.

