El Concello da Coruña ha sufrido un nuevo y sonoro fracaso en su ya cuestionado servicio de contratación. El macrocontrato para la remodelación y explotación de la Planta de Tratamiento de Residuos de Nostián, el mayor por importe que gestiona el equipo de gobierno de Inés Rey, ha quedado desierto. Ninguna empresa se ha presentado a una licitación que, con un valor estimado de casi 585 millones de euros y una duración de 25 años, debería haber sido un imán para el sector. No lo ha sido. Este no es un tropiezo menor, sino la constatación de que el modelo de gestión del gobierno local ha colapsado.
Un anuncio de 2019, un fracaso en 2026
Para dimensionar este desastre, es obligado recordar que en diciembre de 2019, el gobierno de Inés Rey anunciaba en el pleno que los pliegos estaban «listos para su presentación». Seis años después, y tras un sinfín de anuncios y comparecencias, el resultado es el mismo que entonces: Nostián sigue sin solución.
El concejal responsable, José Manuel Lage, calificó la salida a concurso como «un paso clave para modernizar las políticas medioambientales». La realidad, sin embargo, demuestra que ese paso ha sido un sonoro paso atrás. El Ayuntamiento ha sido incapaz de generar confianza en un sector que, evidentemente, ve en este contrato más un pozo sin fondo que una oportunidad de negocio.
Las decisiones del ejecutivo local no han ayudado. Hace unos meses, el gobierno aceptó la reducción de una deuda reconocida legalmente de unos siete millones de euros, un movimiento que el propio Lage defendió como «legal». Pero lo que es legal no siempre es lo correcto. Aquella decisión, que premiaba a la empresa gestora con una quita, fue una muestra de debilidad que el mercado ha interpretado como un riesgo de cobro. Si no se reclama lo que es debido, ¿cómo se va a garantizar el cumplimiento de un contrato de 25 años? Y para rematar, una vez presentados los pliegos, el mismo gobierno aceptó un incremento en los costes, retocando las condiciones y evidenciando una improvisación que espanta a cualquier inversor.
Un culebrón que amenaza con repetir la tragedia de Lousame
El caso de Nostián empieza a asemejarse peligrosamente al de la planta de Lousame, que en enero de este mismo año cerró sus puertas. Allí, la situación era un cóctel explosivo: altos costes de gestión, una capacidad de reciclado ínfima y una deuda que llevó a la Mancomunidad a una situación de «insolvencia estructural».
El cierre de Lousame ha dejado 60 empleos en el aire y ha derivado la basura a Sogama ¿Es ese el futuro que le espera a Nostián? Los mimbres son similares: falta de un proyecto real de reciclaje, costes que se disparan y una gestión política errática. El modelo de Nostián, que además da servicio a los ayuntamientos del consorcio de As Mariñas (con la excepción de Arteixo, que ya se ha desmarcado hacia Sogama), parece condenado a repetir los errores que llevaron al colapso a la planta barbanzana.
El servicio de contratación del Concello está en quiebra
Pero el problema no es solo Nostián. Es estructural. El servicio de contratación del Ayuntamiento de A Coruña ha entrado en una espiral de ineficacia de la que no es capaz de salir. Sirva como ejemplo más sangrante que el servicio de recogida de basura está sin contrato desde el año 2020. Esto no es una anécdota; es la demostración de que la falta de planificación y la incapacidad para sacar adelante proyectos es una constante.
Es muy raro que nadie se presente a un contrato de casi 585 millones, la mayor inversión del gobierno local. No es solo una cuestión de «revisar los pliegos», como ya han anunciado desde el gobierno local. Es una cuestión de credibilidad y de profesionalización. La elaboración de esos pliegos ha sido costosa económicamente y ha consumido más de seis años de un gobierno que llegó al poder prometiendo eficiencia. El resultado, sin embargo, es un vacío de poder. Lage Tuñas no puede limitarse a anunciar que se va a «revisar» la licitación. Debe dar explicaciones y, sobre todo, asumir responsabilidades por un fracaso que deja a la ciudad de A Coruña y a su comarca en la incertidumbre medioambiental y financiera. El tiempo de las excusas se ha agotado.

