Lo que en 2016 fue una estrategia compartida por diez ayuntamientos, hoy se reduce a un selfi político sin contenido, mientras la sentencia de los VTC y la crisis de los taxis siguen siendo el verdadero problema que la alcaldesa no sabe resolver
Hace unos días, la alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, convocaba a los ayuntamientos de la comarca para, según sus palabras, «sentar las bases para una gobernanza metropolitana». La reunión, celebrada el 31 de julio, pretendía ser el pistoletazo de salida de un proyecto largamente anhelado, pero se saldó con un resultado que huele, desde ya, a fracaso estrepitoso. La imagen de la convocatoria, comparada con la conseguida por su predecesor, Xulio Ferreiro, no puede ser más desoladora y evidencia, sin paliativos, la falta de liderazgo de la regidora socialista .
El balance de asistencia es, simplemente, demoledor. De los diez ayuntamientos que en 2016 firmaron la Declaración de María Pita, un documento «vivo» de colaboración estratégica , solo acudieron dos alcaldes. Culleredo y Cambre excusaron su ausencia, pero lo realmente significativo es la falta de invitación a municipios del segundo anillo, como Sada o Bergondo, que ya han expresado su malestar por sentirse al margen de un proyecto que les afecta directamente. Esta escasa representación contrasta con la foto de 2016, donde el entonces alcalde Xulio Ferreiro logró reunir a una decena de alcaldes con una voluntad de cooperación que, al menos sobre el papel, era mucho más sólida. El poder de convocatoria de Inés Rey es, a todas luces, un fracaso.
Pero el problema no es solo de número, sino de fondo. La alcaldesa parece haber olvidado que el área metropolitana no es un invento suyo ni un lienzo en blanco sobre el que dibujar su propio liderazgo. La Estrategia Metropolitana de 2016, promovida por los Ayuntamientos de Abegondo, A Coruña, Arteixo, Bergondo, Betanzos, Cambre, Carral, Culleredo, Oleiros y Sada, ya definía un camino claro: un proceso de participación ciudadana y un nuevo modelo de gobernanza con toma de decisiones de abajo arriba. ¿Por qué Inés Rey insiste en ignorar ese trabajo previo y en presentarse como la única protagonista? Su enfoque, centrado en una «gobernanza metropolitana» más práctica y menos administrativa, suena a una coartada para no abordar el complejo entramado político y jurídico que requiere esta iniciativa .
El trasfondo de esta operación es, cuando menos, cuestionable. La repentina reactivación de un debate que lleva años estancado, coincidiendo con un contexto político marcado por otros frentes abiertos, no puede leerse sino como un intento de desviar la atención. El gobierno local de Inés Rey ha recibido un duro golpe judicial con la reciente sentencia del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, que tumba varios artículos de su ordenanza de movilidad por considerarlos discriminatorios para los VTC. La sentencia, que anula las restricciones al acceso a zonas de bajas emisiones y el bloqueo a la concesión de licencias VTC, es un varapalo a su gestión y un ejemplo de cómo las grandes decisiones del Ayuntamiento terminan en los tribunales. En este escenario, la convocatoria sobre el área metropolitana aparece como un intento desesperado de cambiar el foco mediático, de generar una foto de liderazgo que oculte la imagen de una alcaldesa acorralada por sus propias decisiones.
En definitiva, el intento de Inés Rey de emular a Xulio Ferreiro y resucitar el área metropolitana no es más que un espejismo. La falta de apoyo real de los municipios de la comarca, la ausencia de un contenido propio que no sea una mera actualización de documentos previos y el evidente componente electoralista y de cortina de humo condenan esta iniciativa al fracaso. Mientras no exista una voluntad política sincera, un liderazgo compartido y un proyecto que trascienda el interés partidista, el área metropolitana de A Coruña seguirá siendo, como en los últimos 50 años, una asignatura pendiente que solo se recuerda para hacer política.

