La formación nacionalista exige al PSOE partidas concretas para el CIM y un plan riguroso de disciplina financiera para acabar con la intervención de Hacienda
La estabilidad del gobierno municipal de Betanzos, una coalición de facto entre el PSOE y el BNG, enfrenta un desafío determinante. La formación nacionalista ha levantado la voz y ha planteado un ultimátum claro: su apoyo imprescindible a los Presupuestos Municipales de 2026 está supeditado a dos exigencias irrenunciables: la materialización efectiva del Centro de Información a la Mujer (CIM) y un cambio radical en la gestión económica que ponga fin a la actual intervención de las cuentas por el Ministerio de Hacienda.
El portavoz del BNG, Amelia Sánchez, ha transmitido de forma contundente que no avalarán el documento presupuestario, actualmente en negociación, si no se incluyen “las partidas económicas específicas” necesarias para poner en funcionamiento el CIM en las antiguas escuelas Manuel Naveira. “No permitiremos que se juegue con este tema”, afirmó Sánchez en referencia al reciente anuncio socialista de habilitar el centro sin una dotación presupuestaria concreta. La creación de este equipamiento, junto a un Centro de Orientación Familiar comarcal, fue un compromiso firmado en el pacto de investidura con la alcaldesa María Barral, y los nacionalistas “no admitirán más demoras”.
Sin embargo, la exigencia va más allá de una partida concreta. El BNG demanda un viraje completo en la política financiera del consistorio. Sánchez detalló que exigirán al PSOE un plan que garantice “una gestión económica seria y rigurosa”, con el objetivo dual de corregir los errores del pasado y lograr que Hacienda retire la intervención sobre las cuentas municipales.
Entre las medidas concretas, los nacionalistas piden una limitación drástica de los gastos “superfluos”, citando expresamente partidas como publicidad y propaganda. Además, plantean la necesidad de mecanismos para agilizar el pago a proveedores –reduciendo los plazos de cobro– y de reservar el crédito necesario para cumplir con estas obligaciones de forma ágil.
Estrategia de presión presupuestaria
Con esta movida, el BNG ejerce la máxima presión política utilizando como palanca su apoyo al presupuesto, esencial para la gobernabilidad. La estrategia busca forzar al equipo de gobierno socialista a materializar por fin un compromiso social clave para su electorado –el CIM– y, al mismo tiempo, imponer una hoja de ruta de austeridad y disciplina que restaure la salud financiera del ayuntamiento.
La petición de una mayor inversión en mantenimiento (limpieza, infraestructuras y servicios públicos en el casco urbano y las parroquias) completa unas exigencias que buscan equilibrar el rigor fiscal con la mejora de los servicios básicos. El mensaje es claro: el BNG no será mero comparsa en la legislatura y condiciona su continuidad en la coalición a un cumplimiento estricto de los acuerdos y a un cambio tangible de rumbo en la economía municipal. El balón está ahora en el tejado del PSOE, que deberá decidir si cede a las condiciones o arriesga una crisis institucional en plena negociación presupuestaria.

