El nacionalismo anuncia el adiós al gobierno socialista, pero su ambigüedad sobre el futuro del parque del Agra deja la decisión más cerca del «paripé» electoral que de un cambio de ciclo. Mientras Inés Rey agradece el gesto desde su debilidad histórica
La jornada política de ayer amaneció con un anuncio que prometía ser un terremoto en la estabilidad del Ayuntamiento de A Coruña. Avia Veira, portavoz del Bloque Nacionalista Galego (BNG), comunicaba la ruptura de los acuerdos de investidura y presupuestarios que su formación mantenía con el gobierno local del PSOE de Inés Rey. La decisión, justificada por «continuos incumplimientos» y la «falta de humildad» del equipo socialista, dibujaba un escenario de gobierno en minoría y de una oposición nacionalista que, por fin, pasaba a la acción. Sin embargo, el primer análisis de sus declaraciones y la gestión de las preguntas de la prensa no solo no aclaran el nuevo panorama, sino que lo llenan de una espesa niebla de dudas.
¿Es una ruptura definitiva o un simple descosido electoral? Esa es la gran pregunta que planea sobre la comparecencia de Veira. La portavoz nacionalista fue contundente en la forma, pero enormemente ambigua en el fondo. La relación de agravios fue larga: denunciaron la paralización de instalaciones como las piscinas municipales o la Fundación Luis Seoane, la ausencia de un plan de inclusión social, el abandono de los mercados municipales o la falta de una nueva Relación de Puestos de Trabajo (RPT) para los funcionarios. Un catálogo de reproches que el BNG ya había utilizado, sin éxito aparente, durante la negociación de los presupuestos de 2025, que no apoyaron, para luego, de forma incomprensible para muchos, dar su sí a las cuentas de 2026.
La contundencia se desvaneció cuando los periodistas preguntaron por el «qué viene después». La respuesta de Avia Veira fue una declaración de intenciones tan laxa que deja al gobierno de Inés Rey en un limbo político: «Si pueden votar con el gobierno de Inés Rey, pero sin sentirse atados a ningún pacto marco con el PSOE».
Y fue entonces cuando la duda se convirtió en escepticismo. Que hará el BNG sobre asuntos de actualidad que se votarán en los próximos plenos, como parque del Agra, el silencio u omisión de este asunto deja más dudas que luces. La respuesta hay que buscarla en el mantra de que se estudiará cada caso. Si la ruptura es por «incumplimientos» en políticas de ciudad, ¿cómo se puede siquiera negociar un asunto tan sensible y emblemático como la transformación del parque del Agra? Esta ambigüedad es la que siembra la principal sombra de duda: ¿se ha roto realmente el lazo político o simplemente se ha aflojado la costura para que el traje les quede mejor de cara a las elecciones?
La reacción de Inés Rey: un espejismo de fortaleza
La respuesta de la alcaldesa no hizo sino aumentar la sensación de estar ante un escenario de cartón piedra. Inés Rey, en una escenificación que muchos calificaron de forzada, imitó el tono institucional de Pedro Sánchez, asegurando que el BNG «escoge irse a la oposición con el PP» y que ella «seguirá trabajando para todos». Una puesta en escena que omitía un dato clave de la realidad política local: la señora Rey nunca ha ganado unas elecciones municipales. En 2023, como en 2019, fue investida alcaldesa gracias, única y exclusivamente, a los votos del BNG y Marea Atlántica. Colocarse ahora en el papel de una lideresa que gobierna a pesar de todos, como si su mandato emanara de una mayoría popular incontestable, es un ejercicio de voluntarismo que contrasta con su debilidad plenaria actual, que ella misma ha contribuido a crear al no saber gestionar su minoría.
Lorenzo: «Es un paripé nacionalista»
La reacción más previsible, y quizás más certera, llegó desde el Partido Popular. Su portavoz, Miguel Lorenzo, no dudó en calificar el anuncio de «paripé nacionalista» de cara a las próximas elecciones municipales. Con una ironía mordaz, Lorenzo recordó que el BNG ha apoyado «todas las iniciativas» de Inés Rey durante siete años, «mientras el PP llevaba años denunciando la parálisis y las irregularidades». El popular fue directo al grano: «Es una ruptura falsa. Si es necesario, volverán a pactar tras los comicios, como ya han hecho».
Lorenzo aprovechó para reprochar la «complicidad» del BNG en la aprobación de presupuestos con déficit, en el pago irregular de facturas o en la pasividad ante la especulación urbanística en barrios como As Xubias u Oza. Para el PP, este anuncio no es un cambio de rumbo, sino una maniobra para lavar su imagen antes de las elecciones, después de haber sido el sostén de un gobierno que ellos mismos denuncian como ineficaz.
La ciudad, en la incertidumbre
El resultado de todo este movimiento tectónico es un escenario político de máxima incertidumbre para la ciudad. El gobierno de Inés Rey queda en minoría, pero una minoría cuyo margen de acción dependerá de la buena voluntad de un BNG que, según el día y el asunto, puede ser oposición o socio. La rotura anunciada no es un portazo, sino una puerta entreabierta que permite al BNG negociar caso por caso, sin asumir la responsabilidad de gobernar ni la de bloquear del todo.
La gestión de asuntos tan relevantes como el del parque del Agra, el futuro de los servicios sociales o la reactivación económica quedan, de facto, en un limbo. Si el BNG no puede concretar su voto en un asunto capital para la ciudad, ¿cómo va a ofrecer una alternativa de gobierno creíble?
La ciudadanía se queda, por ahora, con la duda de si este es el principio del fin del pacto PSOE-BNG o simplemente el primer capítulo de una campaña electoral que ya ha comenzado. La contundencia de las palabras de Avia Veira se desvanece frente a la ambigüedad de sus acciones futuras. Una rotura sin un sí, pero sin un no rotundo, es, en la práctica, una simple costura sin hilo.

