25/05/2026

El día que Inés Rey descubrió el «Wag the Dog» en María Pita: Renuncia, humo y un triple salto mortal sin red

A Coruña amaneció este lunes con un misterio despejado y un enigma por resolver. El misterio: la ciudad ya no será sede del Mundial 2030. El enigma: ¿alguien se cree realmente la versión oficial de los hechos?

Lo que la alcaldesa, Inés Rey, vendió como un ejercicio de responsabilidad fue, en realidad, una obra de teatro en tres actos que ni el mismísimo Robert De Niro hubiera firmado. Y es que la película elegida para la ocasión no podía ser más apropiada: «Wag the Dog», traducida en España como «La cortina de humo». Un filme donde se inventa una guerra para ocultar un escándalo. En nuestra versión coruñesa, se renuncia a un Mundial para ocultar… ¿unas cuentas municipales que no cuadran?

Porque, seamos serios (o intentémoslo), el anuncio de hoy fue un prodigio de prestidigitación política. Durante más de un año, Inés Rey vendió el sueño mundialista como un «proyecto estratégico», un faro que guiaría a A Coruña hacia la gloria. Negó una y otra vez, con una vehemencia digna de una causa mejor, los rumores de renuncia que crecían como la espuma. «No, si ya estamos en ello», parecía ser el mantra. Hasta que hoy, zas, todo se esfumó.

Pero la forma de hacerlo ha sido, cuando menos, de trazo grueso. La noticia se filtró ayer domingo. Hoy lunes, rueda de prensa. Lo normal en una ciudad acostumbrada a la transparencia, ¿verdad? Pues no. Lo anómalo, lo grotesco, es que ni la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ni la FIFA, o sea, los dueños del cacharro, tenían constancia oficial de la renuncia. Enterarse por la prensa de que una de tus sedes potenciales se baja del barco es de traca. Y más cuando tenían previsto visitar A Coruña este mismo miércoles para inspeccionar las instalaciones. ¿Qué iban a inspeccionar? ¿El solar de las promesas incumplidas? Es, sencillamente, una falta de ética mayúscula. Se ha tratado al máximo organismo del fútbol mundial como a un convidado de piedra al que se descuelga la cita por WhatsApp.

La foto de familia: el arte de disimular la derrota

Y entonces llegó la puesta en escena. Inés Rey, que cuando las cosas iban bien posaba sola ante los focos, decidió que para dar la malísima noticia necesitaba un escudo humano. Y vaya escudo: a su izquierda, Valentín González Formoso, presidente de la Diputación; a su derecha, Juan Carlos Escotet, presidente de Abanca y máximo accionista del Deportivo.

La imagen es un poema visual de geometría política. Tres personas en el atril que, hasta hace nada, parecían llevar direcciones opuestas. Formoso, con quien las guerras internas del PSOE le han tenido un feliz distanciamiento, aparece de repente como un mediador caído del cielo. O, siendo más precisos, como el pagador forzoso. Porque todo apunta a que será la Diputación la que meta la mano en el bolsillo para pagar la reforma de Riazor que el Mundial ya no necesita.

Y luego está Escotet. El gran ganador de la función. El hombre que pone la cara de póker mientras, probablemente, hace cálculos mentales de los beneficios que le reportará la operación. Porque junto a la renuncia, se anunció un «nuevo convenio» con el Deportivo. Un convenio del que no se dieron detalles, que es «de palabra», y que huele a cesión del estadio y sus aledaños a largo plazo. Si la Diputación paga la reforma y Abanca gestiona el chiringuito (léase, el estadio, los museos, los espectáculos, los conciertos…), el aplauso no se lo lleva la alcaldesa, sino el banco. El negocio redondo: ellos ponen el cemento (pagado por otros), y Escotet pone la máquina de hacer billetes.

Mentiras y cuentas de fin de mes

Pero, ¿y la causa de todo este terremoto? Inés Rey no lo aclaró. Su comparecencia, sin preguntas (otro síntoma de salud democrática), fue un ejercicio de ambigüedad. Si el Mundial era estratégico ayer, ¿qué ha pasado hoy para que deje de serlo?

La respuesta, que nade en el ambiente pero la alcaldesa se niega a verbalizar, tiene nombre y apellidos: liquidación del presupuesto de 2025. El 1 de marzo hay que tenerla lista y, a final de mes, enviarla al ministerio. Inés Rey ya sabe lo que pone en ese papel. Y debe ser tan bonito como un parte de guerra. Las cuentas del Ayuntamiento deben de estar haciendo aguas por todos lados, y afrontar una inversión millonaria para un mundial era, sencillamente, imposible.

Ocultar esta realidad es lo que se llama «dar una de cal y otra de arena». Ya mintió cuando prometió que desvelaría el nombre de un inversor privado y nunca lo hizo. Ya mintió cuando aseguró que las negociaciones con Xunta y Diputación avanzaban, cuando ni un solo euro de esas administraciones figuraba en sus presupuestos. Y ahora, ante la evidencia del desastre financiero, opta por la cortina de humo. Por el «Wag the Dog» particular.

El balance es claro como el agua:

  • Inés Rey: La gran perdedora. Su proyecto estrella se ha hundido y su credibilidad, con él. Ha pasado de soñar con el Mundial a tener que justificar por qué no hay ni para una reforma digna sin que la pague la Diputación.
  • Valentín González Formoso: El que paga. Su presencia es la factura. La Diputación se convierte en la muleta económica del desaguisado municipal.
  • Juan Carlos Escotet: El que gana. Se queda con la gestión de un estadio reformado sin poner un duro. Si encima, como se rumorea, se queda con el negocio de los macroconciertos que algunos soñaban para cuando pasaran los tres partidos del Mundial, el pacto de caballeros de María Pita habrá sido, para él, el negocio del siglo.

Ahora solo falta leer la letra pequeña de ese famoso convenio. Pero con el historial de transparencia de esta alcaldesa, igual tenemos que esperar al próximo estreno en el cine. Seguro que será otra gran película de humo.

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