18/04/2026

La cortina de humo de María Pita: Inés Rey cambia el Mundial por un convenio fantasma y A Coruña se queda sin inversiones y sin respuestas

Ayer presenciamos lo que ya parecía una muerte anunciada. La noticia llevaba semanas cociéndose a fuego lento, alimentada por la ausencia de partidas presupuestarias y el silencio administrativo. Finalmente, A Coruña no será sede del Mundial 2030. Sin embargo, más allá del varapalo que supone perder una oportunidad histórica de proyección internacional, lo que realmente llamó la atención fue el escenario escogido para comunicar el varapalo: un salón de plenos convertido en plató, una rueda de prensa sin preguntas y un pacto institucional con foto de familia pero sin letra pequeña.

Es un arte antiguo pero efectivo: cuando la mala noticia es inevitable, se entierra bajo un anuncio aparentemente bueno. Y como las malas noticias no se dan, se disfrazan. Inés Rey compareció no para lamentar la renuncia, sino para vender humo: un convenio con el Deportivo para la gestión de Riazor. Pero, como viene siendo habitual en este gobierno, de eso no se dijo nada concreto. No hubo plazos, no hubo cifras, no hubo planos. Solo palabras.

Somos optimistas por naturaleza, pero también tenemos memoria. Y la memoria no olvida:

«Afortunadamente, Inés Rey nos aclara que no es idiota, y nosotros le creemos, del mismo modo que creímos que el render del parque del observatorio era fiel a la realidad y que íbamos a ser sede del Mundial. Pero ya que los ciudadanos tampoco somos idiotas, deducimos que la ‘delicada economía’ del Ayuntamiento es el comodín perfecto para ocultar que, una vez más, el proyecto se queda en un bonito render muy lejos de Central Park.»

Porque de eso se trata: de un cambio de cromos profundamente desigual. Por un lado, renunciamos a ser sede del Mundial 2030, lo que conllevaba —más allá del evento deportivo— una lluvia de inversiones en infraestructuras para la ciudad: la adaptación de Manuel Murguía, la ampliación de plazas de aparcamiento, la modernización de accesos y, por supuesto, la reforma en profundidad de un estadio que solo vio una gran intervención en 1998 .

A cambio, se anuncia un convenio con el Deportivo que, en su falta de concreción, se parece sospechosamente a aquel «inversor privado para el Mundial» que la propia Inés Rey anunció en su momento, con bombos y platillos, pero que nunca llegamos a conocer. ¿Dónde está ese inversor? ¿Se ha transformado ahora en el socio para la reforma «a medida»? Misterio. El gobierno local ha pecado, como bien señaló la oposición, de «una mezcla de triunfalismo y falta de realismo» .

El fantasma de la transparencia: anuncios sin papel

La alcaldesa defendió la decisión como un ejercicio de responsabilidad: «Queríamos ser sede del Mundial, pero no a cualquier precio» . Nadie sensato defiende arruinar una ciudad por un mes de fútbol. El problema no es la renuncia, es el relato. Es pretender vender como un triunfo estratégico lo que huele a incapacidad ejecutiva.

El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, lo dejó claro: «Non é unha boa nova» .

Inés Rey argumentó que las exigencias de la FIFA iban más allá de ampliar el aforo, incluyendo zonas VIP y reestructuraciones que hacían inviable el proyecto, sobre todo «pensando en el club» . Paradójicamente, ese «pensar en el club» se traduce ahora en un acuerdo de colaboración con Juan Carlos Escotet (presidente del Deportivo y de Abanca) donde, según Escotet, «todo lo que es bueno para A Coruña es bueno para el Deportivo». Una declaración de intenciones preciosa, pero que no paga obras.

La comparativa con Anoeta: el modelo de la transparencia

Para entender la magnitud del humo que se nos ha vendido, basta mirar a San Sebastián. Allí no jugaron al misterio. Cuando decidieron reformar Anoeta, pusieron los papeles encima de la mesa. Y gracias a los datos concretos que arroja la hemeroteca, podemos hacer un ejercicio comparativo que avergüenza al modelo coruñés.

Mientras que en A Coruña la alcaldesa habla de «comisiones de coordinación» y aplaza cualquier concreción a futuras reuniones , en San Sebastián ya saben desde el minuto cero cómo se repartió el pastel. Tomemos nota de lo que es un verdadero modelo público-privado:

  • El presupuesto final de la remodelación de Anoeta ascendió a 78,6 millones de euros.
  • La Real Sociedad (el club, equivalente a nuestro Deportivo) aportó aproximadamente 64,6 millones.
  • El Gobierno Vasco puso 10 millones.
  • La Diputación Foral contribuyó con 4 millones.
  • El Ayuntamiento de San Sebastián, como propietario, no puso dinero fresco de sus arcas municipales, sino que facilitó la licitación y el marco legal a través de su sociedad Anoeta Kiroldegia.

Ahí lo tienen. Cifras. Reparto claro. Responsabilidades definidas. Nadie hablaba de «inversores privados» en clave de misterio; se sabía que el club ponía la mayor parte porque era su estadio y su futuro. El Ayuntamiento facilitaba, pero no hipotecaba a la ciudad.

Ahora volvamos a A Coruña. Inés Rey anuncia una reforma integral de la «ciudad deportiva de Riazor», que incluye el estadio, el Palacio de los Deportes y el entorno. Suena fenomenal. Pero cuando los periodistas preguntan por cifras, la respuesta es: «No estoy todavía en disposición de dar fechas, cantidades y detalles de ese tipo» . Y anuncia que «se constituirá una comisión de coordinación» para avanzar en los detalles .

Es decir, hemos cambiado un Mundial con fechas tope y exigencias concretas (que obligaban a gobernar) por una comisión de estudio (que permite seguir aplazando decisiones). En este cambio de cromos, los ciudadanos salimos perdiendo. El Mundial obligaba a mover ficha; el convenio difuso permite seguir jugando al misterio.

¿Hipocresía o realismo?

La alcaldesa intentó justificarse asegurando que «por la calle no me piden el Mundial» . Puede que tenga razón en lo inmediato. Pero los ciudadanos tampoco piden renders falsos, ni promesas incumplidas, ni ruedas de prensa sin preguntas.

El nuevo proyecto, según las palabras oficiales, está «pensado para décadas» y «diseñado a medida de A Coruña» . Ojalá sea cierto. Ojalá dentro de unos años veamos un Riazor modernizado y un entorno digno. Pero la historia reciente de esta alcaldía invita al escepticismo. Hemos visto demasiados anuncios grandilocuentes desvanecerse en comisiones de estudio.

La renuncia al Mundial es un fracaso. Un fracaso disfrazado de gesto magnánimo para no hipotecar a la ciudad. Pero ese argumento sería más creíble si el equipo de gobierno hubiese sido capaz, como en Anoeta, de presentar un plan B con los deberes hechos. En lugar de eso, nos ofrecen un brindis al sol. Un «proyecto a medida» que, por ahora, solo existe en el discurso de María Pita.

Y mientras, en San Sebastián, disfrutan de un estadio moderno financiado con transparencia. Aquí, seguimos esperando el render.

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