La alcaldesa de A Coruña irrumpió con un exabrupto en el Foro Económico de Galicia que empañó un acto de relevancia institucional y reabre interrogantes sobre su silencio en el caso Pardo de Vera
El Foro Económico de Galicia presentaba ayer la décima edición de su Anuario, un acto de indudable relevancia para el debate económico y social de la comunidad. En la mesa, el ministro de Hacienda, Arcadi España; el presidente de Abanca, Paco Botas; el director del Foro, Santiago Lago; el editor del Anuario, Jesús Luis Gómez; el presidente del Foro, Víctor Nogueira; y la alcaldesa de A Coruña, Inés Rey. Un escenario institucional, medido, de análisis riguroso y vocación de influir en políticas públicas.
Pero la alcaldesa decidió que aquel no era el momento para el sosiego. Interrumpió el discurso para sentenciar: «No voy a pedir permiso. Y tampoco voy a pedir perdón.»
Dos negaciones paralelas con una estructura que pretende transmitir firmeza y autosuficiencia radical, pero que en la práctica sonó a lo que fue: un exabrupto defensivo, un golpe de efecto mal medido que, más que épica de outsider, transmitió prepotencia y falta de consideración con el acto y con los asistentes. Y que, sobre todo, reabre una cuestión incómoda para la regidora: su silencio sobre la nominación de Isabel Pardo de Vera como directora del Plan Estratégico 2030-2050.
La frase: una estructura clásica de desafío, una ejecución cuestionable
«No voy a pedir permiso. Y tampoco voy a pedir perdón.» Es una fórmula política de manual. Cierra el círculo completo: ni antes ni después le debo explicaciones a nadie. Con ella, quien la pronuncia busca proyectar determinación, ruptura con lo establecido y una suerte de liderazgo sin ataduras.
Pero la retórica política no es solo lo que se dice, sino cómo, cuándo y dónde se dice. Y en este caso, la ejecución falló por varios motivos:
- Contradicción entre forma y fondo. Interrumpir a alguien para proclamar que no se pide permiso es, en sí mismo, un acto de descortesía que desmonta el mensaje. Lo que pretende ser «actúo libremente» se lee como «actúo sin consideración».
- Suena defensivo, no ofensivo. El momento elegido —una interrupción— y el tono improvisado dieron la impresión de una reacción ante una incomodidad, no de una declaración de principios meditada.
- Prepotencia en lugar de convicción. El matiz entre asertividad y arrogancia es muy fino. La percepción mayoritaria fue que la alcaldesa se colocó por encima del acto y de los presentes, en lugar de integrarse en el diálogo que el Foro propone.
- El «y tampoco pido perdón» añade un riesgo extra. Es una frase que anticipa defensivamente una crítica que aún no ha llegado. Como si la alcaldesa estuviera respondiendo a un ataque imaginario, desconcierta más que convence.
En el contexto de un foro que se define como «rigor técnico», «diálogo» y «evidencia», un exabrupto así no solo desentona, sino que empaña la importancia del acto: la presentación de un anuario que analiza cinco grandes desafíos para Galicia —crecimiento diferencial, guerra arancelaria, parálisis presupuestaria, financiación autonómica y absentismo laboral— y que contó con la presencia del ministro de Hacienda para abordar la reforma del sistema de financiación.
La sombra de Isabel Pardo de Vera: ni permiso, ni perdón, ni explicaciones
Pero la frase adquiere una dimensión incómoda cuando se recuerda que Inés Rey es, precisamente, la alcaldesa que no pidió permiso para nombrar a Isabel Pardo de Vera como directora del Plan Estratégico 2030-2050, y que tampoco pidió perdón ni dio explicaciones cuando la ex presidenta de Adif acumuló imputaciones en varios procedimientos judiciales.
Fue en su momento la propia alcaldesa quien defendió que Pardo de Vera era «la persona ideal» para el puesto. Sin embargo, el paso del tiempo y los procedimientos judiciales han ido desdibujando esa idealidad. Y mientras las imputaciones se suceden, desde el Ayuntamiento de A Coruña no ha llegado ni una sola explicación que justifique aquella elección, ni un solo gesto que reconozca la posibilidad de error.
Pardo de Vera, recordémoslo, fue presidenta de Adif durante el estallido del escándalo de las mascarillas en el Ministerio de Transportes y está siendo investigada en varias causas judiciales. Su nombramiento para liderar el plan estratégico de la ciudad fue recibido con perplejidad en amplios sectores políticos y sociales.
Ahora, la alcaldesa proclama que no pedirá perdón. Pero el problema no es que no lo pida: es que nunca se ha planteado siquiera si debía hacerlo. Porque para pedir perdón hace falta primero reconocer la falta, y en el caso de Pardo de Vera, el silencio de la alcaldesa ha sido absoluto.
El Foro Económico de Galicia: el contexto que la frase no merecía
El escenario elegido para esta declaración era, además, especialmente inapropiado. El Foro Económico de Galicia no es un mitin ni un plató de televisión. Es un think tank que desde 2010 reúne a académicos, empresarios y perfiles institucionales para analizar la coyuntura gallega con rigor técnico. Su anuario se ha consolidado como una referencia para entender la evolución económica de la comunidad, y entre sus colaboradores figuran profesores de las tres universidades gallegas, periodistas de referencia y directivos de los principales sectores.
La presentación de la décima edición del Anuario era un momento para el debate sosegado, para las cifras y para las propuestas. Los cinco desafíos que el Foro señaló para Galicia —consolidar la ventaja de crecimiento, la vulnerabilidad exportadora, la parálisis presupuestaria, la reforma de la financiación y el absentismo laboral— merecían un tratamiento serio.
En cambio, la alcaldesa optó por el golpe de efecto. Y lo hizo, además, cuando en la misma mesa estaban el ministro de Hacienda, el presidente de Abanca, el director del Foro y el editor del Anuario. Personas que habían intervenido con discursos medidos, aportando datos y propuestas. Fue un contraste tan evidente como desafortunado.
¿Una frase de manual mal aplicada?
El recurso a estas frases de aparente firmeza suele ser propio de quienes, careciendo de argumentos o encontrándose en una posición incómoda, buscan en la épica verbal un refugio. Es el comportamiento típico de quien actúa con cierto complejo de outsider, incluso cuando ocupa una posición institucional que debería eximirle de esa postureo.
Cuando se dice en un contexto de auténtica confrontación, puede tener efecto. Pero cuando se suelta en un acto institucional, ante un ministro y ante un auditorio de académicos y empresarios, y sin que nadie haya planteado una cuestión que justifique esa defensa anticipada, la frase se convierte en lo que es: un acto fallido de comunicación política.
Lo que pudo ser un discurso sobre la importancia de A Coruña, sobre su crecimiento demográfico (la alcaldesa defendió que el área metropolitana podría alcanzar los 300.000 habitantes en una década) o sobre la necesaria coordinación metropolitana, quedó empañado por una frase que buscaba la épica y encontró la caricatura.
El silencio como ausencia
Pero el ruido de la frase, paradójicamente, solo ha puesto de relieve el silencio que la alcaldesa mantiene sobre asuntos que sí requieren explicaciones. Mientras proclama que no pedirá perdón, los coruñeses seguimos esperando que explique por qué consideró que Pardo de Vera era «la persona ideal» para dirigir el Plan Estratégico 2030-2050, un documento que debe marcar el futuro de la ciudad.
¿No merece A Coruña saber qué criterios se siguieron para aquella elección? ¿No es razonable pedir explicaciones cuando quien fue nombrada para una tarea de tanta responsabilidad acumula imputaciones judiciales? ¿Acaso la transparencia no es también una forma de pedir permiso a los ciudadanos, y la rendición de cuentas una forma de pedir perdón cuando las cosas no salen bien?
La alcaldesa parece creer que su posición institucional le exime de dar explicaciones. Pero es precisamente esa posición la que se las exige. Como representante de los coruñeses, no está en un foro económico a título personal, sino como alcaldesa. Y como tal, debe al menos el respeto de explicar sus decisiones.
Un acto empañado y una sombra que no se disipa
La frase de Inés Rey en el Foro Económico de Galicia pasará a engrosar la lista de desafortunadas declaraciones políticas que buscan el titular fácil y encuentran la crítica inevitable. Pero más allá de su valor como anécdota, revela dos problemas de fondo:
- Una falta de sintonía con el contexto institucional que debería caracterizar a una alcaldesa en un acto de esta naturaleza.
- Un silencio sostenido sobre una decisión polémica que sigue sin ser explicada a los ciudadanos.
No es la primera vez que un político utiliza una frase grandilocuente para intentar parecer más decidido de lo que realmente es, o para tapar con ruido lo que no quiere explicar. Pero en este caso, el ruido no ha logrado ocultar el silencio. Más bien lo ha hecho más evidente.
Mientras la alcaldesa no pide permiso ni pedirá perdón, los coruñeses seguimos esperando que, al menos, pida la palabra para dar explicaciones. Eso sí que sería un gesto de verdadera determinación y firmeza.

