Movilización en pleno agosto, fallos técnicos que casi inundan la zona y un «plan verde» que los vecinos tildan de parche. Mientras el Concello mira hacia otro lado, Labañou se pregunta si el cambio climático solo se combate donde no hay cemento
Agosto es, tradicionalmente, el mes del descanso, de las vacaciones y del silencio administrativo. Sin embargo, en el barrio de Labañou, el calendario parece haberse detenido. Mientras el resto de la ciudad disfruta de la tregua estival, los vecinos de esta zona de A Coruña han demostrado una perseverancia que merece ser destacada: ni el calor, ni el asfalto, ni la falta de respuestas parecen enfriar su espíritu reivindicativo. Ayer volvieron a tomar las calles en una manifestación que recorrió el barrio, a pie y con el apoyo de vehículos, bajo el contundente lema: «Inés Rey levanta muros, Labañou levanta la voz».
La movilización, que sorprende por su intensidad en pleno mes estival, es el termómetro de una frustración que lleva meses gestándose. Mientras los vecinos caminan, el gobierno local, encabezado por la alcaldesa Inés Rey, parece haber hecho de la «sordera municipal» su principal política hacia el barrio. Las promesas se han topado con los muros del silencio y la inacción, y los vecinos, lejos de rendirse, han decidido que el ruido de sus reivindicaciones sea más fuerte que la indiferencia institucional.
La guinda del pastel de la desidia llegó con el «intento de inundar» el barrio debido a graves fallos en el desarrollo de las obras. Un desastre técnico que pudo tener consecuencias mucho mayores y que evidencia la falta de control y previsión en los proyectos municipales. Pero lo que ha encendido la mecha de la indignación, y ha llevado la situación al terreno de la ironía, ha sido la excusa esgrimida para justificar el diseño urbanístico de la zona.
Según los vecinos, desde el Concello se les ha explicado que la cantidad y ubicación de los árboles que se plantarán está diseñada para «combatir el cambio climático». La ironía resulta tan brutal como evidente. ¿Cómo va a ser Labañou clave en la lucha contra el cambio climático cuando, a pocos metros, en las obras de la Marina, lo que impera es el hormigón y la piedra? Mientras se levantan muros de cemento y se asfixia el pulmón verde de la ciudad, se pretende vender a los vecinos un puñado de árboles como una gran gesta medioambiental. Parece que, para el gobierno local, la batalla contra el calentamiento global se libra con palas y arbustos en un barrio, mientras se ignora la desertificación de piedra en el resto de la ciudad.
La pregunta que flota en el ambiente, cargada de sarcasmo, es clara: ¿Será que, en el futuro, la zona de la Marina, por su alta concentración de hormigón y piedra, se convertirá en una burbuja climática donde el cambio global no tendrá efecto? La contradicción es tan flagrante que roza el esperpento.
Mientras tanto, los vecinos de Labañou siguen en la calle. Su perseverancia es un ejemplo de lucha vecinal, una demostración de que, a pesar de la sordera del gobierno local, hay voces que se niegan a callar. La manifestación de ayer fue un éxito de participación, un recordatorio de que el malestar crece y que, pase lo que pase, Labañou seguirá levantando la voz hasta que los muros de la indiferencia caigan.

