Área canina de Gijón, la ciudad más pet friendly de España
El incremento tan importante que ha experimentado la población canina en las ciudades ha llevado a los Ayuntamientos a habilitar espacios destinados a que nuestras mascotas perrunas puedan jugar y socializar en libertad, lo que supone la adquisición de un compromiso respecto de la calidad de vida de nuestras mascotas y sus dueños, adaptando el entorno urbano a sus necesidades en condiciones de seguridad y libertad.
Esto espacios, conocidos como áreas caninas, deben proyectarse pensando en las necesidades propias de nuestros peludos: espacios verdes, vallados, con fuentes adaptadas, dispensadores de bolsas, bancos, zonas de sombra, papeleras, iluminación, doble acceso para que no se produzcan escapes, etc.; incluso sería aconsejable que dichas zonas se subdividiesen en dos espacios bien definidos en función del tamaño de los “usuarios”, evitando así posibles problemas de convivencia.
En estas áreas los perros pueden desarrollar comportamientos que les son propios como el juego, la exploración y la socialización; en ellos podrán olfatear, jugar, correr, saltar, excavar en tierra, etc. actividades todas ellas que contribuyen a su salud articular, muscular y mental. La posibilidad de interactuar con otros perros también facilita la confianza y la desaparición de conductas agresivas y el desarrollo de habilidades sociales.
Sin embargo, hay una duda que es importante aclarar: ¿es un área canina lo mismo que un circuito de agility? Definitivamente no. Los circuitos de agility son espacios diseñados para que nuestras mascotas desarrollen una serie de habilidades vinculadas a su desarrollo físico y hasta mental, a la obediencia y a la concentración; así estos circuitos están organizados por una serie de obstáculos dispuestos de manera estratégica para que sean superados siguiendo las precisas indicaciones de su guía o dueño; obstáculos tales como el slalom, los saltos, túneles, rampas, aros, pasarelas, etc. forman parte de estos circuitos.
Los expertos (adiestradores y veterinarios) señalan la idoneidad de que estos recintos sean supervisados por profesionales para evitar posibles accidentes y para evaluar correctamente las capacidades de nuestros peludos, dependiendo de raza, edad y estado físico, pues no todos los perros están en condiciones de realizar estos circuitos o parte de ellos. De ahí que el “juego” en estos obstáculos deba ser orientado y no realizado aleatoriamente en las áreas caninas, sino acercarse a centros especializados si lo que se pretende es tener un peludo con habilidades y destrezas específicas, nos evitaremos muchos sustos respecto de su seguridad física.
Obviamente en nuestra ciudad donde la población canina supera los 32.000 peludos, existen unas zonas que han sido delimitadas como espacios caninos pero, todo hay que decirlo ni son suficientes, ni tienen las dimensiones adecuadas, ni su dotación es la mínimamente exigible, ni su mantenimiento supera el aprobado, asemejándose más a corrales que a áreas canina, en pocas palabras no están a la altura de lo que exige una ciudad como A Coruña, a la que por desgracia aún no podemos definir como petfriendly.
Ahora que el diccionario se ha convertido en protagonista de la política, veamos lo que la Real Academia Española señala sobre los corrales: “En las casas o en el campo, sitio cerrado y descubierto que sirve habitualmente para guardar animales”.
Pues si echamos un primer vistazo a la zona “canina” de Adolfo Suárez, Santa Margarita o Barrio de las Flores, por citar algunas, su situación se asemeja más a la definición de la RAE que a un área canina: cierres defectuosos, extensión pírrica, ausencia de agua o sombra, agujeros en el suelo, … la ausencia de mantenimiento es clamorosa y, para los que nos dedicamos de una u otra manera al cuidado de mascotas, se asemejan más a corrales que a áreas de esparcimiento canino.
Para realizar una verdadera política de servicio a los ciudadanos se debe atender a todas sus necesidades y, hoy por hoy, en una gran mayoría de hogares de nuestra ciudad, esto pasa por atender responsable y adecuadamente las necesidades de nuestras mascotas, no debemos olvidar que para muchos coruñeses son su única compañía, su vigilante, su guardián y hasta su seguro de vida. El bienestar de nuestras mascotas va íntimamente unido al nuestro.
No se trata de hacer más, que también, sino de mejores espacios de convivencia y esparcimiento de nuestros peludos, y por supuesto de la accesibilidad y mantenimiento de los mismos.
Ciudades, y hasta zonas turísticas, se han dado cuenta de la importancia de que se les acuñe como “petfriendy” y es que ya no es un reclamo publicitario es una necesidad y una forma de entender la vida cada vez más extendida, y por ahora nuestra ciudad no pasa la prueba del “algodón”.

