La doble cara de Inés Rey: buenas palabras en las reuniones, pero los presupuestos muestran una preocupante falta de inversión en los colegios públicos
La alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, y su concejal de Educación, Juan Ignacio Borrego, volvieron a escenificar ayer su compromiso con la comunidad educativa. En un encuentro celebrado en el Palacio de María Pita, ambos recibieron a la Federación de ANPAs (Asociaciones de Nais e Pais) para abordar, según su propio relato institucional, «la situación actual de los colegios públicos», «las mejoras en infraestructuras» y «el avance en un plan integral de rehabilitación». Desde el gobierno local se destacó el refuerzo de la colaboración con las familias.
Sin embargo, mientras la foto de la reunión ocupaba espacios en la web municipal y en los medios de comunicación, los informes económicos que reposan en la propia casa consistorial pintan una realidad radicalmente opuesta a ese discurso amable. Porque cuando se confrontan las palabras de la alcaldesa y su concejal con los datos de ejecución presupuestaria, el relato se desmorona. Las cifras, que no mienten, evidencian una falta de interés crónica por el mantenimiento de los colegios públicos de la ciudad, o, en el mejor de los casos, una incompetencia clamorosa en la gestión.
Consultando los informes elaborados por el propio gobierno local que preside Inés Rey, los números deberían sonrojar a cualquier responsable público. Tomando como referencia la última liquidación publicada —seguimos esperando la del ejercicio 2025—, correspondiente al año 2024, el análisis de la partida destinada a la «reposición en colegios públicos» (programa 60 323 63201) arroja un balance desolador.
En 2024, el presupuesto inicial para esta partida era de 900.000 euros. A lo largo del ejercicio, se produjo un incremento de 30.000 euros, dejando el crédito total disponible en 930.000 euros. Sin embargo, las obligaciones reconocidas (el gasto efectivamente comprometido) apenas alcanzaron los 283.457,59 euros, mientras que el importe realmente pagado fue incluso inferior: 275.042,04 euros. Es decir, el gobierno local invirtió menos de un tercio de lo que él mismo había presupuestado para el mantenimiento de los colegios.
Lejos de ser un hecho aislado, esta tendencia a la inejecución se consolida como un patrón de conducta. En el ejercicio de 2023, año electoral, el crédito total para la misma partida ascendía a 997.500 euros. La realidad: apenas se ejecutaron 224.358,89 euros. Cerca de 800.000 euros que debían destinarse a las infraestructuras educativas quedaron sin utilizar, durmiendo en las arcas municipales mientras los centros educativos arrastran necesidades históricas.
Si retrocedemos un año más, la situación se torna aún más grave. En 2022, el presupuesto para reposición en colegios públicos fue de 963.000 euros. El gasto real ejecutado fue de tan solo 387.484,12 euros.
Estas cifras, frías y contundentes, no dejan lugar a la interpretación. Mientras Inés Rey y Juan Ignacio Borrego se sientan con las ANPAs para escuchar sus demandas y prometer colaboración, sus propios presupuestos demuestran una realidad bien distinta. No se trata de falta de recursos, sino de una manifiesta incapacidad o desinterés para ejecutarlos. Prometer en las reuniones y dejar los colegios sin las inversiones comprometidas es la doble cara de una política que antepone la apariencia a la gestión efectiva.
Los padres y madres de los alumnos de A Coruña merecen algo más que buenas palabras en el Palacio de María Pita. Merecen que los 930.000 euros presupuestados para sus colegios se conviertan en obras y mejoras, no en partidas fantasma que se liquidan año tras año por debajo de un tercio de su capacidad. La alcaldesa debe asumir su responsabilidad como máxima responsable de esta gestión o, de lo contrario, explicar por qué su gobierno es tan eficaz para las fotografías y tan ineficaz para ejecutar los recursos que él mismo dice destinar a la educación pública.

