Si entráis estos días en las webs de las Protectoras de animales, tanto de Galicia como de cualquier rincón de España, observaréis que hay más cachorros para adoptar que de costumbre, y es que la “magia” (capricho) de la Navidad se acabó.
El bebé caniche, teckel, bichon, palleiro, etc, y, por supuesto, gato también ya no es tan “mono” como el día que llegó a casa, y es que resulta que hace sus necesidades en la alfombra, parquet, dormitorio, sala…; llora o ladra mucho; no obedece las indicaciones; hay que llevarlo al veterinario para los primeros controles; su comida es muy cara, etc. Pero eso no son más que excusas procedentes de una irresponsabilidad absoluta que se concreta en una compra de un regalo que vive, siente y padece.
A estas alturas aún no contamos con datos oficiales sobre el abandono post-navideño, pero sí lo que podemos adelantar en base a esas webs y a datos de años precedentes es que vamos camino de cumplir con la tasa de un abandono por cada cuatro perros comprados. Y claro, estos cachorros son abandonados porque no hay ticket de devolución. Así enero, junto con las fechas veraniegas, se convierten en los meses de mayor tasa de abandono de mascotas (del verano ya trataremos en su momento, pero seguro que adivináis el motivo).
Los cachorros son muy lindos y nos enternecen, de modo que cuando los vemos despiertan nuestro instinto más protector y más afectivo. Pero resulta que los cachorros no están educados, tienen miedo, lloran, no obedecen órdenes, hacen sus necesidades en cualquier lugar de la casa (alfombra, parquet, pared…), buscan refugo en rincones inaccesibles, necesitan ser sacados a pasear, hay que tener mucha atención con su comida, deben asistir a sus primeras y periódicas revisiones veterinarias, así que el regalo monísimo se convierte en una “carga” que ya no hace tanta gracia.
Si a esto unimos la cantidad de camadas no deseadas que al final no encuentran “salida”, factores económicos y una vida que no puede depender del cachorrito, tenemos ya la tormenta perfecta.
Y no hay una raza en especial que sea más abandonada que otra, todas sufren por igual la insensatez y el sufrimiento del abandono. Y, una vez en la Protectora, conforme van creciendo también van perdiendo la oportunidad de encontrar un hogar: perros grandes, adultos, que llevan aparejada alguna enfermedad, perros de color negro (cualquiera diría que hay racismo hasta en los perros y gatos a la hora de adoptar), los mal llamados potencialmente peligrosos, podencos y galgos, cuentan con dificultades añadidas para que una familia dé el paso de adoptarlos.
Al abandono de los perros de caza le dedicaremos en su momento un artículo específico; ahora me gustaría llamar la atención sobre las hembras adultas que son sometidas a continuos embarazos, sin apenas salir de sus jaulas, con el único finde parir cachorros para la venta, normalmente de razas selectas, que tras seis o siete camadas son abandonadas a su suerte, destrozadas física y emocionalmente (algunos estamos muy esperanzados con la nueva legislación al respecto de la cría y venta que se está preparando en la UE).
A los españoles, como a cualquier otro país, nos encanta que nos reconozcan el liderazgo en diferentes aspectos (donaciones y trasplantes de órganos, investigación y ensayos clínicos, destino turístico, cuidado del patrimonio cultural, etc.), pero lo que ya no debería gustarnos tanto estener el liderazgo de ser el país de Europa con mayor índice de abandono de mascotas, aproximadamente 300.000 al año, no cabe duda de que son unas cifras para sentirse “muy orgulloso”.
Y si ahora, al ver estos datos, sientes la imperiosa necesidad de hacerte con una mascota, de demostrar que no todos somos así de crueles, que en tu casa hay lugar y afecto para un miembro más, no corras a una Protectora en busca de uno de esos cachorros que, sí es precioso pero que requiere de una atención especial, acércate allí con las expectativas y los afectos “abiertos”, deja que ellos, todos, se acerquen a ti, te huelan, jueguen, acompañen, miren, y habla largo y tendido sobre tu día a día con los responsables y voluntarios de la Protectora, déjate guiar por ellos que son los que mejor conocen a los perros y gatos que tienen a su cuidado, y lo último que quieren es una devolución a los pocos días; y el consejo de veterinarios y adiestradores cuyos conocimientos profesionales pueden ayudar mucho. Al final puedes salir de allí con un cachorrito, con un podenco de cinco años o con adorable viejete de nueve, y sin duda lo harás convencido.
Ya sabes esto tiene más de reflexión que de impulso, de responsabilidad que de capricho emocional, de compartir que de arrinconar, de respetar que utilizar y de dar afecto, eso sí, para recibir el más leal, increíble y desinteresado cariño que puedas imaginar. NO COMPRES, ADOPTA.

