18/04/2026

El «modelo Inés Rey»: Entre la rendición, la opacidad y una convocatoria de ‘amiguetes’

Hay decisiones que, por su forma y fondo, definen a un gobierno. Y luego está la decisión de Inés Rey sobre el Mundial 2030, que no solo la define, sino que la retrata. La alcaldesa tenía sobre la mesa tres caminos para afrontar el futuro de Riazor y la candidatura de A Coruña como sede. Ante la disyuntiva, y con la destreza política que la caracteriza, escogió el peor. Pero no conforme con eso, hoy ha decidido dar una lección magistral de cómo comunicar esa debilidad: una reunión a puerta cerrada, con «periodistas seleccionados«, para dictar clase.

El día que la FIFA (quizá) se fue de tapas

Resulta paradójico que hoy, a las 12 del mediodía en María Pita, la regidora convoque a un grupo de comunicadores afines para enmendar la desastrosa puesta en escena del lunes. Lo hace, además, el mismo día en que, sobre el papel, una delegación de la FIFA y la RFEF debería estar aterrizando en nuestra ciudad para inspeccionar las instalaciones. Pero, ¿quién avisa a un invitado para decirle que la cena se cancela?

Fuentes consultadas aseguran que, a primera hora del lunes, ni en la FIFA ni en la Federación tenían constancia de la renuncia. Así que, quién sabe, quizá los técnicos no suspendieron el vuelo y, en lugar de visitar Riazor, estén hoy degustando un buen pulpo en algún restaurante de la ciudad. Sería la única visita internacional de alto nivel que recibe A Coruña en este proceso.

Pero vayamos al meollo del «culebrón». Tras el esperpento del lunes, el PP ya ha solicitado un pleno extraordinario. La camiseta de Naranjito va a dar mucho juego, sobre todo porque el maquillaje informativo de hoy no puede ocultar la realidad: Inés Rey ha gestionado este asunto con la misma transparencia que un secreto de Estado, y con el acierto de quien elige siempre la opción más torticera.

Las tres opciones de Inés Rey: ¿Por qué escogió la peor?

Analicemos fríamente el menú de opciones que tenía la alcaldesa, porque la comparación es cruel:

  • Opción 1 (La de la regidora fuerte): Hace no tanto, la propia Inés Rey le recordaba al presidente del Dépor que Riazor es de la ciudad, de todos los vecinos. Si hubiera mantenido ese discurso, planteando una negociación dura en defensa de lo público, habría proyectado una imagen de fortaleza frente a los poderes económicos. Habría tenido enfrente a Escotet y al club, sí, pero habría jugado en casa: con la grada de una ciudadanía que entiende de soberanía. Incluso habría podido buscar un inversor alternativo. Pero no, era la opción del coraje y decidió no cogerla.
  • Opción 2 (La de la regidora sincera): Si los 100 millones de euros que cuesta el Mundial no son prioritarios cuando hay barrios con necesidades acuciantes, ¿por qué no decirlo alto y claro? «Coruñeses, esto no nos interesa, el dinero es para otras cosas». Los vecinos de A Coruña no somos tontos. Hubiera sido una postura ideológicamente coherente con el discurso de izquierdas que ella dice defender. Pero no, la sinceridad política tampoco era el camino.
  • Opción 3 (La de la regidora rendida): Y aquí llegamos a la elegida. Presentar la renuncia al Mundial no como un acto de soberanía, sino como un «acuerdo» con el presidente del Deportivo. Es decir, pasar de proclamar que el estadio es del pueblo a plegarse a los intereses del socio mayoritario. La misiva de Escotet no hablaba de los socios de a pie, hablaba de los «socios mayoritarios». Y la alcaldesa no solo aceptó, sino que lo vendió como un éxito. Es la imagen de la debilidad personificada. Si Inés Rey aspira a la reelección en 2027, ha metido un autogol. Si lo que busca es una puerta giratoria hacia el sector privado, quizá este sea su mejor currículum.

¿Qué van a contar hoy?

La convocatoria de hoy es un intento desesperado de aplicar un parche de maquillaje sobre una herida abierta. ¿Qué convenio van a presentar si aún no existe nada oficial? Porque cualquier acuerdo debe ser aprobado por las partes. En el Dépor, con Escotet como socio mayoritario, no habrá problema, si le convence el convenio. Pero en el Pleno municipal, Inés Rey necesita apoyos o, como mínimo, silencios cómplices, el PSOE es la segunda fuerza. Necesita que otros grupos políticos avalen su rendición.

Y ojo, si para la operación hace falta modificar el Plan General de Ordenación Municipal (PXOM), necesitará una mayoría absoluta. Ahí es donde el «todo atado y bien atado» de su despacho choca con la realidad de un Pleno. Pero en lugar de abrir el diálogo, convoca a un grupo selecto de periodistas para dictarles la versión oficial. A los informadores, cuya función es preguntar e investigar, se les cita para recibir una lección de «árnica política» que alivie el batacazo.

Mientras tanto, el Grupo Municipal Socialista, que debería ser su principal sostén, está más descompuesto y dividido que nunca. Y la alcaldesa, en lugar de liderar, se refugia en la opacidad de un café con los suyos. Porque al final, en esto del Mundial, Inés Rey ha logrado lo que parecía imposible: quedarse sola, con la peor opción, y encima intentando ocultarla.

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