29/06/2026

Un cartel de luces y sombras para las Festas de María Pita 2026

La programación, presentada por Inés Rey en un contexto judicial adverso, presume de calidad y variedad, pero la ausencia de grandes nombres internacionales y la repetición de fórmulas conocidas invitan a la reflexión sobre el verdadero impacto cultural y económico de unas fiestas que aspiran a ser «el gran referente del verano gallego»

La alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, presentó este lunes la programación de las Festas de María Pita 2026, un evento que, según sus propias palabras, volverá a convertir la ciudad en el «gran escenario cultural y festivo de Galicia» durante los meses de julio y agosto. Lo hizo casi al mismo tiempo que se celebraba la conciliación de la querella presentada por ella contra el diputado del PP Miguel Lorenzo, un hecho que, aunque no se mencionó en el acto, planeó sobre la presentación como un recordatorio de las tensiones políticas que marcan el ambiente local.

La regidora desgranó un cartel que, a primera vista, busca la diversidad, pero que al ser examinado con detenimiento revela una apuesta segura y, quizás, excesivamente conservadora. La elección de la pregonera, la actriz y humorista Lucía Veiga, es un acierto en términos de cercanía y reconocimiento local, pero su ausencia en la presentación, sustituida por un vídeo, restó emoción al pistoletazo de salida de unos festejos que necesitan generar ilusión.

Un cartel de «primer nivel» o de «primera división regional»

Las ansiadas Noites de María Pita, el corazón musical de las fiestas, se abrirán el 1 de agosto con Luz Casal. La veterana artista es un nombre de peso y una garantía de calidad, pero su presencia, junto a la de Mercedes Peón (una de las voces más singulares de la música gallega), no es suficiente para hablar de un cartel «de primer nivel» en el contexto de los grandes festivales españoles. La programación se completa con Ginebras, Fillas de Cassandra, la orquesta Los Satélites y The Rapants, nombres que, si bien tienen su público y son opciones válidas para la verbena popular, difícilmente colocarán a A Coruña en el mapa musical estatal más allá de la galaxia del pop-rock gallego.

La inclusión del cantaor Israel Fernández y la agrupación argentina La Delio Valdez aportan un soplo de aire fresco y cierta diversidad de géneros, pero son apuestas minoritarias que, en el mejor de los casos, atraerán a un público muy específico. La gran apuesta por lo masivo llega de la mano del macroevento Los40 Summer Live, con artistas como DePol, Enol o Chema Rivas. Este tipo de conciertos, de marcado carácter comercial y patrocinados por una gran cadena de radio, llenan la plaza, pero a menudo diluyen la identidad de la fiesta en un producto de consumo rápido y desechable.

El Noroeste como único faro

El verdadero reclamo cultural y, probablemente, el que mayor impacto económico genere, volverá a ser el Festival Noroeste Estrella Galicia (del 5 al 8 de agosto). Es innegable su papel como referente, pero su celebración, un año más, dentro del paraguas de las fiestas patronales, termina por eclipsar al resto de la programación. La pregunta que queda en el aire es: ¿las Festas de María Pita viven de la renta del Noroeste o son capaces de generar un atractivo propio más allá de este macrofestival?

Un menú de siempre con el mismo envoltorio

El resto de la programación es un calco de años anteriores: el Certame de Habaneras, la Batalla Naval (que, pese a ser multitudinaria, es un acto de riesgo y con un coste logístico y de seguridad que no se detalla), la Semana Clásica con las orquestas de la ciudad y el siempre presente Festival Internacional de Folclore. Son citas consolidadas y necesarias para mantener una tradición, pero la sensación es la de estar ante un menú anual predecible, que no arriesga y que se limita a repetir los ingredientes de años pasados con algún que otro cambio menor.

La promesa de «descentralización» con las fiestas de barrio o el ciclo de teatro familiar Cascarillarte es un guiño necesario y positivo, pero no debe ocultar que el grueso de la inversión y la atención mediática se concentran en un puñado de días y en el centro monumental de la ciudad. La pregunta es si estos eventos periféricos cuentan con los recursos suficientes o son, simplemente, un complemento decorativo.

Una fiesta para todos, ¿o para los de siempre?

Inés Rey ha insistido en que la programación está «pensada para todos los públicos». Es un eslogan recurrente y cómodo. Sin embargo, el riesgo de esta política de «algo para todos» es que al final no haya «nada para nadie» con una identidad realmente potente. La programación de las Festas de María Pita 2026 parece diseñada para no ofender, para no arriesgar, para mantener el statu quo y contentar al mayor número posible de votantes.

No se trata de negar la calidad de artistas como Luz Casal o la veteranía de las orquestas locales, sino de preguntarse si esta oferta está a la altura de una ciudad que aspira a ser un «gran referente cultural». En un contexto donde otras ciudades gallegas y españolas apuestan por programaciones temáticas más vanguardistas o por atraer a artistas de proyección internacional (más allá de una noche de Los40), A Coruña parece contentarse con un verano más de verbenas y conciertos de radiofórmula. Las fiestas, sin duda, serán un éxito de asistencia, como lo son cada año, pero la pregunta que subyace es si ese éxito es sinónimo de calidad cultural o simplemente de la inercia de una ciudad que, en agosto, tiene pocas alternativas de ocio.

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