21/10/2026

El «gracias» más incómodo para Inés Rey

Los vecinos de Tomás Fábregas responden a cuatro reuniones sin diálogo con una carta de gratitud irónica: «Nos dejó claro que la participación ciudadana es solo un trámite vacío»

Los vecinos y residentes de la calle Tomás Fábregas, en el barrio coruñés de Labañou, han remitido una carta a la alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, cuyo encabezamiento formal —»A la atención de la excelentísima alcaldesa»— anticipa un tono protocolario que se desmorona apenas unas líneas más abajo. Porque lo que podría parecer una misiva de gratitud institucional es, en realidad, un ejercicio de ironía tan preciso como demoledor. El asunto lo deja entrever: «Agradecimiento de los vecinos de la calle Tomás Fábregas por su gestión y atención vecinal».

El texto, dirigido formalmente a la regidora, articula su crítica mediante un recurso literario sostenido: agradecer aquello que precisamente se denuncia. Así, los vecinos «agradecen» el esfuerzo de agenda que supuso dedicarles tiempo «hasta en cuatro reuniones». La aparente cortesía se quiebra de inmediato al constatar que esos cuatro encuentros «no sirvieron para construir un diálogo, sino para constatar una absoluta falta de escucha y una total indiferencia hacia las necesidades de quienes vivimos en este barrio». La carta no deja resquicio a la ambigüedad: la ironía es el vehículo, pero el mensaje es inequívoco.

La ironía como forma de denuncia

El documento alcanza su máxima carga expresiva cuando los firmantes manifiestan su «admiración» por «la soberbia con la que se ha ignorado el clamor de un vecindario» y por «la prepotencia institucional con la que se ha decidido seguir adelante con un proyecto ejecutado de espaldas a los ciudadanos». Lo que en otro contexto sería un elogio, aquí funciona como un espejo invertido: cada palabra de agradecimiento subraya una carencia. Los vecinos llegan a afirmar que es «digno de mención» que la respuesta oficial haya sido «la desatención y la falta de respeto hacia nuestras protestas legítimas».

La carta introduce incluso un matiz que roza el sarcasmo amargo cuando señala que el tiempo dedicado a las reuniones es «un tiempo que nosotros perdemos y usted lo cobra». Y sentencia: «Gobernar una ciudad de espaldas a sus calles y tratar con desdén y mentiras a los vecinos cuando estos piden ser escuchados define a la perfección el modelo de gestión que hemos padecido en estas reuniones».

De la crítica a la advertencia

Más allá del tono, el escrito contiene acusaciones concretas. Los vecinos «agradecen» que se les haya dejado claro que, «para este Gobierno local, la participación ciudadana es solo un trámite vacío», y advierten: «Tenga por seguro que los vecinos de Tomás Fábregas tomamos nota de esta lección de superioridad y recordaremos perfectamente quién decidió construir la ciudad contra sus propios vecinos».

El documento también denuncia la «hipocresía y el engaño» de afirmar que estas obras permitirán instalar ascensores mediante subvenciones municipales, cuando —según los firmantes— la lentitud en la tramitación provocó un colapso que congeló las partidas presupuestarias en las convocatorias de 2024, 2025 y 2026. Asimismo, se reclama el anteproyecto de las tres fases restantes del grupo de viviendas, solicitado —según se detalla— el 3 de agosto y nuevamente el 9 de septiembre, con referencias de registro que la carta incluye de forma explícita, subrayando la falta de transparencia.

Soluciones que existen

Frente al discurso de la imposibilidad técnica, los vecinos contraponen un ejemplo concreto: tras reuniones con Novo Sendeiro, la propuesta de apertura de una nueva calle paralela al Grupo María Pita en el futuro proyecto de As Percebeiras —que contemplaría unas 120 plazas de aparcamiento— habría sido vista como viable. «Demuestra que soluciones las hay», concluyen, desmontando el argumento de que no existían alternativas.

Una lección de estilo

El valor de esta carta no reside únicamente en su contenido reivindicativo, sino en su construcción retórica. Los vecinos han optado por no elevar el tono, sino por envolver la crítica en una cortesía tan exagerada que se convierte en su contrario. No insultan: agradecen. No acusan: constatan, «admiran» y «toman nota». El resultado es un documento que, sin abandonar en ningún momento las formas, deja un retrato reconocible de la relación entre la institución municipal y un vecindario que se siente ignorado.

La carta concluye, en su primera página, con una afirmación que resume el espíritu del escrito: la alcaldesa «está claro no es de todos los coruñesas y coruñeses». Lo dice después de «agradecerle» su gestión. Y ahí reside, precisamente, la eficacia de un texto que convierte la gratitud en denuncia y el protocolo en espejo.