El polémico proyecto urbanístico del Parque de Oza, conocido entre algunos vecinos como el «Manhattan del Castrillón» por sus torres de hasta 17 plantas, ha quedado fuera del orden del día de la comisión municipal que debía informar sobre el asunto antes de su debate en el pleno. La decisión, tomada este pasado lunes por el gobierno local, llega tras la petición del BNG —socio imprescindible para la alcaldesa Inés Rey— de más tiempo para estudiar el convenio.
Aunque oficialmente el PP no había declarado su rechazo al proyecto, todo apunta a que la retirada del punto responde a las dudas del Bloque Nacionalista Galego, cuyo apoyo es clave para sacar adelante las iniciativas de un gobierno en minoría. ¿Se trata de un simple obstáculo temporal o del primer síntoma de una ruptura en el apoyo incondicional que el BNG venía prestando a la alcaldesa?
Un proyecto cargado de controversia
El convenio urbanístico del Parque de Oza ha generado un fuerte rechazo entre los vecinos, que presentaron 59 alegaciones, todas ellas desestimadas sin respuestas claras. Las principales críticas giran en torno a:
- La construcción en altura, con edificios que rompen con la estética del barrio y recuerdan a modelos urbanísticos de los años 60 y 70.
- Los problemas de movilidad, en una zona ya saturada de tráfico y sin estudios detallados sobre el impacto que supondrá la llegada de nuevos residentes.
- La falta de transparencia en aspectos clave como el impacto paisajístico, los servicios públicos necesarios y la justificación de un crecimiento poblacional tan abrupto.
Además, el convenio modifica de facto el Plan General de Ordenación Municipal (PGOM), utilizando un instrumento legal para alterar normativas que en su día fueron consensuadas con los vecinos. En las reuniones informativas celebradas, la oposición al proyecto fue evidente, pero las respuestas a las alegaciones han sido vagas o inexistentes.
Vivienda de protección: ¿Un engaño?
Uno de los puntos más polémicos es la escasa proporción de vivienda protegida: apenas un 10%, muy por debajo de otros proyectos paralizados, como el de Percebeiras, que incluía un 40% y aún así fue frenado. Este bajo porcentaje obligaría a compensar la construcción de VPO en otras zonas, beneficiando a los promotores de Oza y perjudicando a otros desarrollos que sí asumen mayores cargas sociales. Curiosamente, ese 10% de vivienda protegida se ubicaría en terrenos que ya son propiedad municipal, lo que ha levantado sospechas sobre un posible trato favorable a los intereses privados.
El BNG, en el centro de la tormenta
Con el gobierno de Inés Rey en minoría y dependiente del apoyo del BNG, la retirada del punto parece una concesión a los nacionalistas. Sin embargo, la duda es si esto responde a una simple pausa táctica o si marca un cambio de rumbo en su relación. Hasta ahora, el BNG había respaldado al gobierno en medidas que incluso contradecían sus propias reivindicaciones, generando malestar en parte de su base.
Si el Bloque decide endurecer su postura, podríamos estar ante un punto de inflexión en la legislatura. Por ahora, el convenio del Parque de Oza sigue en el limbo, pero la presión vecinal y las divisiones políticas podrían convertirlo en la primera gran derrota de un gobierno que hasta ahora había sorteado los conflictos urbanísticos con el apoyo incondicional de sus socios.
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