¿Las normas son para todos? La curiosa (y rentable) excepción del concejal Lage Tuñas
Un ejercicio de ironía urbana en el que el maestro es, sin duda, el primer teniente de alcaldesa.
En un alarde de coherencia que ha dejado a la ciudadanía maravillada, el primer teniente de alcalde, José Manuel Lage Tuñas, ofreció hoy una magistral lección de derecho urbanístico aplicado. Tras ser preguntado por la paralización de las obras que el Deportivo de La Coruña realizaba en Riazor sin la preceptiva licencia, el edil fue contundente: “Todos deben cumprir as normas das que nos dotamos e iso aféctalle ao clube, ao Concello e a todos os que teñan relación co Estadio”.
La frase, aparentemente simple, es en realidad una joya de la retórica política. El uso del impersonal “deben” en lugar de un “debemos” incluyente no es un descuido, es una declaración de intenciones. Es la delimitación clara de un territorio: aquí están los que deben cumplir las normas (el Deportivo, usted, su vecino) y aquí, en un plano superior de existencia jurídica, quien las explica.
Y es que el concejal de Economía y Planificación Urbana sabe de lo que habla. Conoce al dedillo el intrincado camino de la normativa urbanística porque, cómo no, él mismo lo ha transitado. Con la experiencia que da el haber convertido un local comercial en dos “pisitos” sin licencia y, atención al detalle, mientras era el máximo responsable del área que debe velar por su cumplimiento.
El caso de los “pisitos” de la Avenida del Ejército es, sin duda, el manual de instrucciones que el Ayuntamiento debería distribuir a todos los ciudadanos. Un tutorial paso a paso de cómo se gestiona estos asuntos cuando se tiene la ventaja de dirigir la oficina donde se ponen las multas:
Lección 1: Preséntame una comunicación previa para obras de conservación en un local que, según un arquitecto (que certifica un uso residencial que no existía), ya era una vivienda en 2014.
Lección 2: Cuando te la declaren ineficaz, espera.
Lección 3: Inscribe el cambio de uso en el Registro de la Propiedad basándote en esa certificación… cuestionable.
Lección 4: Asume personalmente las competencias en concesión de licencias, justo a tiempo para lidiar con tu propio caso.
Lección 5: No te abstengas en el proceso que te afecta personalmente.
Lección 6: Cuando los vecinos denuncien y la policía local documente las obras ilegales, ignóralo.
Lección 7: Finalmente, concédete a ti mismo la licencia con una celeridad que dejaría sin aliento a Usain Bolt.
Todo este proceso, pulcro y ejemplar, es seguramente lo que el concejal Lage Tuñas espera que el Deportivo emule. Quizás la solución para el club sea que Lage Tuñas se convierta en propietario de una grada de Riazor. Entonces, el procedimiento se agilizaría de forma misteriosa y las obras podrían continuar, tal vez incluso sin licencia pero con una perspicacia legal admirable.
La ironía, por supuesto, es un recurso literario. La realidad es mucho más grave. Mientras a un club histórico se le paraliza una obra de mejora de su estadio –el activo de toda una ciudad– por un expediente, un edil parece haber sorteado el mismo expediente en un asunto de claro beneficio personal. Y lo hace desde el sillón que debería garantizar la igualdad de todos ante la ley.
La frase “Todos deben cumprir as normas das que nos dotamos e iso aféctalle ao clube, ao Concello e a todos os que teñan relación co Estadio”. resuena ahora con un eco hueco. Suena a chiste privado, a un guiño entre él y su pasado reciente. La pregunta que flota en el aire es inevitable: ¿Lage Tuñas habla en tercera persona porque se siente excluido de la obligación de cumplir las normas o porque, sencillamente, ya las incumplió y salió indemne?
El mensaje que se envía a la ciudadanía es demoledor: hay una normativa para los ciudadanos y otra para los ciudadanos que, casualmente, planifican el urbanismo de la ciudad. El caso de Riazor es bochornoso. El de los “pisitos”, sencillamente, indignante. Juntos, son la perfecta definición de una doble vara de medir. Y el concejal Lage, con su tercera persona, se ha erigido en su máximo exponente.