02/05/2026

RÉQUIEM POR UN GOBIERNO: Inés Rey, sola ante el mínimo legal, entierra la autoridad en María Pita

La alcaldesa socialista se vio acompañada ayer únicamente por Lage Tuñas y Nereida Canosa, en una reunión que evidenció la fractura interna del PSOE coruñés a poco más de un año de las elecciones

La imagen de la Junta de Gobierno local de A Coruña celebrada ayer es la peor postal que podía imaginar el PSOE coruñés en un año preelectoral. Presidida por la alcaldesa Inés Rey, la reunión contó con la presencia de únicamente dos ediles de su propio gobierno: el portavoz y concejal de Hacienda, José Manuel Lage Tuñas, y la concejala Nereida Canosa.

Se trataba del mínimo legal exigido por el artículo 106, apartado C del Reglamento Orgánico Municipal, que obliga a mantener un quórum de tres miembros (incluyendo a la regidora) durante toda la sesión. Una situación insólita que, lejos de ser una anécdota técnica, evidencia la profunda división interna que azota al gobierno local y la debilidad creciente de su lideresa.

Un gobierno fantasma

Que el resto de concejales y concejalas del equipo de gobierno decidieran plantar a la alcaldesa no es un hecho menor. A Coruña asiste, atónita, a la descomposición de un ejecutivo local que, a las puertas de la recta final del mandato, no es capaz de reunir a sus propios miembros para tramitar los asuntos ordinarios de la ciudad.

La reunión de ayer, que por ley obligaba a los tres asistentes a permanecer en la sala sin posibilidad de ausentarse para ninguna necesidad puntual, es el síntoma más claro de que las relaciones internas han tocado fondo. Esta situación de aislamiento de la regidora no es un hecho aislado, sino la punta del iceberg de una crisis orgánica que viene incubándose desde hace años y que ha estallado con virulencia en los últimos meses.

El ruido de fondo del acoso y las denuncias

La soledad institucional de Inés Rey no se entiende sin el contexto de las graves acusaciones que planean sobre ella y su número dos. Las denuncias por presunto acoso laboral presentadas por las exconcejalas Eva Martínez Acón y Esther Fontán a finales de 2025 han dinamitado cualquier atisbo de cohesión interna.

Aunque la alcaldesa ha calificado estas acusaciones de «absolutamente falsas», el daño a su autoridad moral y política es evidente . Las denuncias, que describen un ambiente de «gritos, insultos y trato vejatorio», han sido ratificadas recientemente por las exediles, que amenazan con acudir a la vía judicial ante la falta de respuesta de la dirección federal del partido .

En este clima, la deserción de los miembros de la Junta de Gobierno apunta a un malestar profundo. ¿Hasta qué punto los ediles actuales se sienten cómodos siendo «partícipes necesarios» de las decisiones de un núcleo duro reducido a la mínima expresión?

Una práctica habitual que siembra dudas sobre la legalidad

Pero la preocupación no es solo numérica. Fuentes consultadas señalan que la «excepcionalidad» se ha convertido en una tónica habitual en las convocatorias de Inés Rey. En la reunión de ayer, el orden del día destacaba por la gran cantidad de asuntos dependientes de la asesoría jurídica —hasta 11 casos— y un número importante de prórrogas en concesiones.

Sin embargo, la práctica que más inquieta a la oposición y, presuntamente, a los propios ediles ausentes, es la modificación sobre la mesa del orden del día. Fuentes internas apuntan a que la alcaldesa acostumbra a introducir «sorpresas» de última hora, asuntos que no han sido previamente consensuados o ni siquiera comunicados al resto de concejales. Esta estrategia, que algunos califican de «manipulación del voto», pondría a los ediles ante la tesitura de asumir responsabilidades legales sobre decisiones que desconocían hasta sentarse en la mesa.

Esta dinámica, si se confirma como una práctica habitual, explicaría la desafección de los miembros del gobierno. Ningún concejal con responsabilidades legales querría verse expuesto a avalar decisiones sorpresivas que no han pasado por el necesario debate interno.

Debilidad a un año de las urnas

A poco más de un año de las elecciones municipales, la imagen de debilidad de Inés Rey es insostenible. La alcaldesa, que hace apenas unos meses brindaba por un 2026 lleno de grandes proyectos como la reforma de los Cantones o la estación intermodal, se encuentra ahora gobernando en precario.

Mientras la ciudad necesita estabilidad para sacar adelante proyectos estratégicos, el PSOE coruñés ofrece la imagen de un barco a la deriva, con una capitana que se queda sola en el puente de mando. La pregunta ahora es cuánto tiempo podrá sostenerse un gobierno que ni siquiera es capaz de llenar su propia Junta.

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